Dueño y señor del reino de la nada

Publicado: 9 octubre 2014 en General

Hay una cosa que siempre me he planteado, y hoy me ha recordado alguien. Bueno, llevo unos días pensando en ello, pero hoy me han contado una anécdota relacionada, y mira, pues escribo sobre esto.

Durante nuestra vida nos formamos: vamos al colegio, a la universidad, hacemos cursillos… Y nos gusten más o menos las clases, las asignaturas, o lo que sea, al final prestamos atención, lo estudiamos, lo memorizamos y lo damos por bueno, porque entendemos que alguien que sabe más que nosotros en esa materia es la persona válida para enseñarnos esos conocimientos. Y con esos conocimientos que hemos adquiridos a nivel académico, vamos a un trabajo y otra persona nos enseña cómo desempeñar una labor, y volvemos a hacerle caso, porque sabe más que nosotros, y lo recordamos y lo repetimos, y así nos hacemos con ese puesto. Y cuando viene alguien nuevo, le enseñamos nuestros conocimientos y ese alguien los acepta, igual que los aceptaste tú en su día.

Pero salimos de clase, del trabajo… y nos creemos maestros de todo en la calle. Creemos que sabemos comportarnos, sabemos cuál es la verdadera moral, cómo hay que tratar a tu pareja y cuidar a tus hijos, cómo hacer amigos, cómo ser buena persona y, en definitiva, nos creemos que nuestra manera de ver el mundo es la correcta, y cualquiera que venga a enseñarnos algo, o simplemente a opinar sobre su punto de vista, no tiene razón y no merece ni atención.

Yo hay veces que estoy viendo una película y la actitud de un personaje me hace darme cuenta que yo también hago ciertas cosas, o leo una conversación en un libro sobre otros dos personajes y pienso, mira, tiene razón. O simplemente escucho a alguien hablar, dar una conferencia, o conceder una entrevista, y a veces se me enciende la bombilla y pienso, coño, pero si es verdad.

Y no refiero a que alguien te hable de la crisis y te des cuenta que tiene la solución al universo, sino, no sé, que por ejemplo una pareja tenga una discusión, ella dice algo sobre él y piensas, pues yo también digo eso, o poniéndonos el otro lado, yo también hago eso y podría cambiar. Por decirlo de alguna manera, ponernos en su piel.

La gente lee libros o ve películas o series, o escucha a otras personas simplemente por pasar el rato, sin entender el trasfondo de las palabras. Las conversaciones y las situaciones van pasando y de la misma forma entran y salen de nuestra cabeza sin quedarse. ¿Y si de una discusión en la tele aprendiéramos que podemos cambiar y mejorar nuestra relación? ¿Y si de una contestación de un niño a sus padres nos diéramos cuenta lo mal que contestamos a veces nosotros?

Esto se podría decir lo de “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. Ves las cosas malas a tu alrededor, discusiones, gente que dice lo malos que son algunos, y piensas, “es verdad, qué malos son”, pero no te das cuenta que puedes ser parte de ese grupo. O a lo mejor sí, pero no cambias. Y las oportunidades de cambiar las tienes cada día, cada segundo de tu vida: ser más paciente, sonreír cuando te saluden, pensarse dos veces una contestación que no es necesaria… Es difícil, muy difícil, pero a veces se puede intentar, y la mayoría de gente no lo hace.

Aprendamos de nuestro alrededor, de cada palabra que nos dirigen o que oímos por ahí, de cada conversación o cada actitud de alguna serie, libro… No somos maestros de nada, nos queda TODO por aprender.

 

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