…La madre de la ciencia…
Como ya llevo diciendo varios días, cada persona es como es, se puede suavizar o agravar el comportamiento, pero tu naturaleza está ahí y no nos libramos de ella. Y entre mis características está la impaciencia.
No soy paciente, lo reconozco. Me pongo nerviosa cuando tengo que esperar, ya sea a alguien porque he quedado con ese alguien y no llega, o a algo, como al ordenador, que sea el que sea en mis manos siempre tarda demasiado en cargarse. Alguna vez me han dicho “¿tienes prisa?”, y no es que tenga prisa, es que… ¿por qué hay que hacer las cosas en 3 horas, si se pueden hacer en 5 minutos? Hay cosas que necesitan más tiempo, pero cuando algo se puede tener ya, no entiendo por qué hay que alargar ese momento.
Pero también tengo que decir que hay aspectos en la vida en los que he suavizado mi impaciencia, e incluso pido yo más tranquilidad. Descubrí que puedo ser paciente en mi anterior trabajo, donde cogía reclamaciones a cada minuto, donde tuve que aguantar que los clientes me llamaran de todo (y los/las que no eran clientes…)… Y aguantaba. Hay días que no puedes más, que necesitas desconectar, un día de trabajo sólo de papeleo y no coger el teléfono… pero sabes que al día siguiente podrás hacerlo igual que los días anteriores.
Y como en eso pues en otras cosas también: que si algo no se hace hoy, mañana hay tiempo, que hay cosas que tampoco pasa nada por dejarlas más tiempo que se asienten, que hay mucha vida por delante como para estresarse por cada nimiedad que nos rodee.
Me gusta que las cosas se hagan rápido y bien, me gusta que si algo puedo tenerlo YA porque hay posibilidades de tenerlo ya, lo tenga… Pero he aprendido a relajarme, a decir “si no se hace, pues no se hace”… Y eso, para mí, ya es mucho.

Catherine Mejia dijo:
28 diciembre 2011 a 8:54 pm
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Catherine